“La caída de los gigantes”, de Ken Follett

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La última novela del galés Ken Follett trata de ser un compendio y explicación de cómo comenzó el recién acabado siglo XX. Desde una profunda rigurosidad histórica, nos muestra la historia de 5 familias en Europa y América. Inglaterra, Rusia, Estados Unidos, Francia y Alemania son los principales escenarios de esta trama que nos explica el origen de la Primera Guerra Mundial, la lucha diplomática y los intereses políticos que la provocaron, y el incipiente cambio de sociedad que nos llevó a derrocar las monarquías dirigentes y a instaurar el gobierno del pueblo.

Literariamente hablando, Follett muestra una exquisita narrativa como es propio en la mayoría de sus obras: profusión de descripciones con un marcado carácter visual que servirían como estupendo apoyo para un guión cinematográfico o televisivo. Un desarrollo de personajes en mi opinión excelente, con una profundidad de sentimientos y maduración que para nada queda en la superficie. Un uso de tramas y motivaciones personales con una gran pasión, con el amor y la guerra como principales motores de la historia, ofreciéndonos como resultado una obra de grandes pretensiones que es el primer paso para dibujarnos por completo el siglo XX, ya que el autor ha decidido realizar una trilogía que ya ha bautizado como “The Century”, que verá su segunda entrega probablemente a finales de 2012 y que intentará concluir allá por 2014.

Se hecha en falta en todo caso algo más de emoción: aún le pesa a este periodista metido a escritor el alto listón de “Los Pilares de la Tierra” una obra redonda difícil de superar. Tampoco logró ese nivel con la continuación de dicha obra, “Un mundo sin fin”, aunque en cualquier caso mostró un libro más que aceptable.

En “La Caída de los Gigantes” vemos cierta lentitud de desarrollo en algunos pasajes, aunque en ocasiones es enriquecedor, como en el momento en que la guerra diplomática previa a la militar nos permite conocer el entramado político de la Europa de principios de siglo.  Tampoco queda muy definido el desarrollo de la guerra en cuanto al cambio clave que supone la entrada de Estados Unidos en la misma. Aunque sabemos que fue crucial, le dedica mucha menos atención que al principio de la contienda, donde parecía que los alemanes ganaban la partida.

La novela comienza con 2 episodios en las minas de Gales que nos hacen prever una obra maestra, pero sin embargo, después se queda en una mera literatura correcta y amena, en la que podemos disfrutar de las relaciones entre personajes, las pasiones amorosas, el desarrollo de la guerra, pero sin grandes obstáculos épicos que desemboquen en una historia legendaria. Supongo que el hecho de ajustarse de manera fiel a la realidad habrá impedido desbocar la imaginación más allá de lo aceptable.

El final de la misma nos deja el terreno abierto para la segunda parte: la humillación alemana, la inflación y la humillación del Tratado de Versalles que los llevó a la pobreza, la instauración del comunismo bolchevique en Rusia, la llegada del gobierno laborista en Inglaterra, factores que supondrán el cimiento de la segunda parte de la trilogía centrada en la crisis de 1929 y la II Guerra Mundial.

En definitiva, una obra interesante para los que quieran mezclar una literatura amena, de grado medio, con un trabajo de documentación muy riguroso, revisado por colaboradores expertos en diversos temas, y que más allá de la fama de Ken Follett como escritor de Best Sellers, merece la pena leer. Quizás muchos encuentren paralelismos con los tiempos que vivimos, de cambios y crisis, aunque a todas luces no sufriremos el mismo desenlace que se nos ofrece en esta novela donde se nos muestra una parte fundamental de la Historia Universal Contemporánea.

 

Harry Potter, el épico final de una saga

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Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte, Parte II, es el final de una emotiva y legendaria saga que nos ha acompañado durante más de una década. Su conclusión ha estado a la altura de una historia que se cierra de modo completo y satisfactorio.

Aún con la emoción reciente de haberla visionado hace 2 días, escribo estas líneas a modo de reseña exenta de spoilers, ya que no desea estroparle la historia a nadie. Lo primero, aconsejar que vayáis a verla, merece la pena para aquellas personas que han seguido la historia en toda y cada una de sus películas. Una serie, una saga, de altibajos en cuanto a la ejecución parcial pero que se torna completa, llena, dejando un buen sabor de boca en su conjunto final.

Las buenas maneras mostradas en la primera parte en las que se dividió este último libro no defraudan en la segunda: ritmo, tensión, emoción, épica y una realización en casi todos sus puntos a la altura de la historia. Acompañado de una banda sonora excelsa, compuesta por Alexandre Desplat, nos deja una melodía principal que destila la nostalgia y el sentimiento de epílogo de esta obra colosal. Asimismo, la creación de espectaculares imágenes por parte del operador Eduardo Serra nos deja momentos maravillosos, sobre todo ese Hogwarts medio derruido tras la batalla al amanecer, o las catacumbas de Gringotts, con una oscuridad y profundidad muy realistas.

Esta segunda parte se centra en la eliminación de los horrorcruxes restantes y sobre todo en la épica batalla final que se librará en Hogwarts, asediado por las fuerzas malignas de Lord Voldemort, recordando a otras series épicas (me vienen a la cabeza “Matrix” y “El Señor de los Anillos”). Con la película de los Wachowski también guarda similitudes en la confrontación final entre Harry Potter y Lord Voldemort, precedida de una escena en el pensadero que nos desvelará la claves de toda la saga, poniendo en sentido muchas de las cosas vistas durante las 8 películas.

Curioso que el niño mago siempre ha aparecido desbordado por los acontecimientos, muchas veces protegido en el final de las aventuras emprendidas, pero en estas últimas 2 películas y sobre todo tras la revelación del pensadero, Harry Potter adopta a determinación necesaria y se le ve mucho más empaque, maduro, algo por otro lado comprensible, puesto que el desarrollo del personaje es al fin y al cabo una alegoría del crecimiento humano, desde la niñez hasta la etapa adulta.

Ese enfrentamiento final puede adolecer de falta de emoción en el desarrollo visual, pero la tensión es palpable, al mismo tiempo que incorpora la novedad de que parte de la acción principal se desarrolla en una escena paralela, algo que dota de ritmo y grandiosidad al conjunto. Harry Potter nunca ha estado solo, sus amigos y compañeros han jugado siempre un papel fundamental, y no iba a ser menos en la parte definitiva de la historia.

Repasando mentalmente esta década de fantasía y aventuras, recordando a un Harry Potter niño, comenzando un viaje iniciático en el aprendizaje de la magia, que hemos ido desgranando película a película, mientras todos crecían, maduraban, experimentaban y vivían grandiosas aventuras, solo me queda una triste sensación de melancolía y nostalgia, que siempre podremos rememorar una y otra vez, durante 8 fantásticas películas de entre las que destaco, como muchos otros por su calidad, “El prisionero de Azkaban”, dirigida por el personalísimo Alfonso Cuarón, que al mismo tiempo tiene para mí una profunda carga emocional, por el momento de mi vida en el que la ví.

En suma, un final de leyenda para una saga de leyenda. Muchos esperarían algo más de la batalla final, pero me ha parecido a todas luces que está a la altura de la saga, generando la tensión necesaria para este brillante final. Seguramente los libros serán mucho mejores, más profundos y llenos de matices, pero esta es una aventura que he seguido en audiovisual, no sé si me aventuraré a la lectura. En cualquier caso, Harry Potter ya ha entrado en el olimpo del cine de todos los tiempos, siendo con está última película el estreno más taquillero de la historia.

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